Tradicionalmente, la frente suele tener tonos más amarillentos/neutros, las mejillas y nariz tonos más rojizos, y la zona de la mandíbula tonos más verdosos o azulados (especialmente por la sombra de la barba o venas sutiles).
"Pintar un retrato es ver la luz no como algo que cae sobre el objeto, sino como la fuerza que lo crea."
Para que un retrato no parezca un "recorte", juega con los bordes:
Una fuente de luz clara (como una ventana) crea sombras definidas que ayudan a estructurar los pómulos y la nariz.